המסיבה נגמרה, רק עשן עודו צף
באוויר, עם עדי אלכוהול וקצת בושם
במזרח כבר אפור ואנקור מחוצף
מנקר שאריות כל כיבוד במרפסת
רק אורחים אחרונים עוד שרועים על ספה
וכורסה ושטיח, תקליט אחרון
מנגן איזה סמבה, ילדונת יפה
מקשיבה, נים לא נים, למשורר עם כישרון
הוא לוחש: "אל תגידי אולי, פן ושמא
את ידעת כשנכנסת - רצית בוהמה"
La fiesta terminó; solo el humo aún flota
en el aire, con restos de alcohol y un poco de perfume.
En oriente ya está gris, y un pájaro descarado
picotea las sobras de todo el aperitivo en el balcón.
Solo los últimos invitados siguen tirados en un sofá,
en un sillón y en la alfombra. El último disco
suena con alguna samba. Una niña bonita
escucha, entre dormida y despierta, a un poeta con talento.
Él susurra: «No digas “quizá”, ni “tal vez” ni “a lo mejor”:
lo sabías al entrar: querías una vida bohemia».
"את רצית אהבה ישירה כמו רומן
שקראת בילדות, רצית קצב ויופי
ואושר, חיים סוערים עם אומן
מתייסר ויוצר, בן-אדם, איש עם אופי
אז כעת, כשראשי הכבד קצת נשען
על כתפך, ובגדי כבר נוטפים ריח יין
אל תגידי לי - 'לא' אל תאמרי - 'תן לי זמן
להכיר אותך קצת יותר טוב, כי עדיין
אנחנו זרים'! בלי אולי, פן ושמא
את ידעת כשנכנסת - רצית בוהמה"
כן, כבר בוקר בחוץ ואנחנו נלך
ברחובות הריקים, מוארי הגגות
אל חדרי, לא רחוק ואני בשבילך
גם אכין כוס קפה ובלי שום חגיגות
נכנס למיטה ואחר כך בערב
תאמרי לי שלום ותלכי לדרכך
ואני אשאר לי לישון ובלי הרף
המילים שאמרתי, עמוק בראשך
עוד יגידו לך בלי שום אולי, פן ושמא
את ידעת כשנכנסת - רצית בוהמה"!
«Querías un amor directo como en una novela
que leíste de niña; querías ritmo y belleza
y dicha, una vida tempestuosa con un artista,
que sufre y crea: un hombre, una persona con carácter.
Así que ahora, cuando mi cabeza pesada se apoya un poco
en tu hombro, y mi ropa ya desprende olor a vino,
no me digas ‘no’, no digas ‘dame tiempo
para conocerte un poco mejor, porque todavía
somos extraños’. Sin quizá, ni tal vez ni a lo mejor:
lo sabías al entrar: querías una vida bohemia».
Sí, ya es de día afuera y nos iremos
por las calles vacías, con las azoteas iluminadas,
a mi cuarto, no muy lejos, y para ti
también prepararé una taza de café, sin ninguna celebración.
Nos meteremos en la cama y luego, por la tarde,
me dirás adiós y seguirás tu camino,
y yo me quedaré dormido, y sin cesar
las palabras que dije, hondo en tu cabeza,
aún te dirán —sin ningún quizá, tal vez ni a lo mejor—
lo sabías al entrar: ¡querías una vida bohemia!»