Dios mío, sáname y sanaré.
No se encienda Tu ira, para que no perezca.
Mi medicina y mi ungüento están contigo, sea bueno
o malo, sea fuerte o sea débil.
Tú eres quien elige y no yo,
según Tu parecer, lo malo y lo hermoso.
No me apoyo en mi propia cura;
solo en Tu sanación espero.